2015/12/18

Nada más allá de la experiencia

Quienes entienden del medio natural dicen que los incendios forestales se apagan en invierno. Tiene su lógica y, desde luego, es un aforismo cargado de razón cuyo entendimiento lo fío a vuestro buen juicio.

En otro ámbito bien diferente como es el de la educación, nuestr@s mayores, fueran éstos maestr@s, padres, herman@s, etc., nos aconsejaban que nunca dejásemos la preparación de los exámenes para última hora, pues corríamos el riesgo de aturullarnos intentando digerir demasiada información en poco tiempo, con lo que ello suponía para nuestro futuro académico.


Me vienen a la mente estos dos axiomas en el preciso instante en que me cuentan, así a vuela pluma, el homogéneo conglomerado que abunda por las bajo cubiertas del Casco toledano. Nada nuevo bajo el sol. Ni mejor. Ni peor. Ni fu. Ni fa. Encefalograma plano.

Mi otrora condición abertxale, en palabras de mis allegados, no supuso un obstáculo para observar con cierta osadía como el ámbito decisional mutaba en portada de diario por aquello del qué dirán. Y tal fue el ensimismamiento que acabó en descalabro, aunque para unos más que para otros. Porque hubo quién nunca fue pelele de hoguera.

Casi un lustro después, repetimos pasión por las portadas aunque ahora el cerco se ha abierto hacia lugares antaño hinóspitos, refugio de asociales en ciernes, como pudiera ser un servidor, que se asoman al mundo a través de la cibernética para desnudar su alma o esconder sus verdaderos miedos, quién sabe.

Pero como decía antes, ni fu ni fa. El gusto por los escaparates ha sido una tónica de la sociedad española; y para vender hay que mostrar. No obstante, nos olvidamos qué hay detrás de las luces de neón. Y no sólo en ciertas ocasiones, lamentablemente.

Durante el frío invierno fueron much@s l@s que anduvieron por los montes limpiando matorral para evitar sustos en la época de riesgo. Y a fe mía que dio resultado, pero llegada la época del sol, pocos son los jornaleros que han tenido recompensa, acaso por lo angosto de la cima; o quizá porque entre zarzas, tomillos y encinas hay poco a lo que agarrarse. Si acaso alguna cogida a destiempo y atrincheramientos varios. Y siguen en ello.

Y en estas lides nos curtíamos haciendo callo, que es menester, cuando asumimos, casi por casualidad, que el periodo de exámenes era inminente y apenas si habíamos ojeado el temario, con lo que optamos por demostrar que sabíamos con unas ligeras lecturas a los temas de mayor calado. Y lo mejor de todo es que conseguimos aprobar. O al menos es lo que se percibe de puertas afuera. Diferente será el contenido a poco que hurguemos.

Ni entro ni valoro. Pero sé que durante los duros inviernos, y aún en días soleados, los bosques y los montes deben limpiarse. Y no sé si tod@s están dispuestos a enfangarse.

Yo soy yo y mi circunstancia y ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia. Y que nadie se engañe; se vive muy bien lejos del mundanal ruido.

A buen entendedor…


Que el tiempo no os cambie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario