2017/08/04

A buscar el sol entre las nubes



Lo trivial se convierte en sublime cuando se hace desde el corazón, cuando surge de pequeñas intenciones, de sencillos deseos que llenan almas y se abren paso porque contagian ilusión. Esa ilusión que nos ha permitido iniciar caminos que creíamos ajenos, inaccesibles para los tresjunqueños hasta no hace mucho. 

Nos hemos descubierto capaces de todo, explorando terrenos que antaño cercenaban nuestra capacidad de progreso y crecimiento, explorando ámbitos fértiles que creíamos fuera de nuestro alcance. Y todo ello desde la sencillez, la honestidad y las pequeñas cosas que dan sentido a nuestras vidas día tras día. Hemos explorado nuestros miedos y temores y ahora sabemos que, aun con miedo, podemos afrontar la tempestad que todavía nos lastra. 

Hemos descubierto que, en un camino con un negro futuro, quedan vericuetos que pueden desviar nuestro rumbo hacia sendas con mayor recorrido, inmersas en un continuo devenir de idas y venidas que derivan, y se pierden, en un mar de progreso. Un océano luctuoso colmado de vaivenes en el que los barcos siempre avanzan hacia el horizonte. Ahora sabemos que existe, y que es muy duro alcanzarlo, pero por breves instantes nos hemos empapado de su aroma.

Intuyo que no queremos seguir varados en un “Mar de Aral”, salino y caduco, al amparo de los elementos; el compromiso para con una manera de afrontar nuestro futuro comienza a abrirse paso de la mano de un heterogéneo grupo de tresjunqueños y tresjunqueñas que, sobre la base del buen juicio, la ilusión y, sobre todo, la unión, quieren/queremos promover nuevos rumbos que lleven a nuestro pueblo, simplemente, a seguir siendo, a ser conocido y reconocido. Por nuestro pasado, por supuesto, pero también por nuestro presente y nuestro futuro. 

La franqueza de lo modesto nos ha deleitado en forma de voces y guitarras bajo el nombre de Ronda de Triana, y nos ha sorprendido con el pie cambiado, aunque es de justicia reconocer que tuvo su explosión en el convencimiento musical de Juan Moya, hace ahora un año, atisbando algo que pocos fuimos capaces de ver.

Un germen de exaltación propia que aquel día caminó de la mano de excelsos músicos tresjunqueños, nacidos o adoptados, sobre la heterogeneidad musical que aporta el acordeón, las guitarras españolas, el saxo o la guitarra eléctrica.



Hemos visto nacer a The Mastines de la mano de Richard Porras, un músico eterno que nos ha sabido transmitir su fuerza surcando las cuerdas de su recién estrenada Fender Telecaster; una respuesta a la profunda fe que muchos de nosotros profesamos por el rock en todas sus formas y expresiones. Y que, a riesgo de tiempos y dificultades propias fácilmente entendibles, quiso unir su excelencia a la de Ramón Prieto, “el de La Tinita”, conformando un coro para deleite de celebraciones eucarísticas que derivó en un triunfo en la televisión regional como nunca hubiésemos imaginado. ¡Grande nuestra Ronda de Triana!

Nos hemos deleitado, una vez más, con las danzantillas, ejemplo poderoso de cariño para con un pueblo y una tradición, herencia perpetua de “nuestra Chon” que grabó a fuego su devoción en nuestras niñas y sus familias, a pesar de los tiempos y las distancias, e impregnó a Marta y a Lourdes de la fortaleza perenne para continuar con la Danza.

Hemos redescubierto nuestro pueblo en las redes sociales de la mano de Julia Collado y su “Vive Tresjuncos”, poniendo de manifiesto que no hay fronteras cuando se desea alcanzar la utopía y el sentimiento es limpio y honesto. Una página que pone voz a nuestra cotidianeidad y nos muestra como somos, sin ambages, sencillos, fuertes y orgullosos de nuestro pueblo, a pesar de la dificultad.

Nos hemos agrupado en torno al CD Triana y a la ilusión de Joaquín, el de la Ino, que respira fútbol y nos hace partícipes de su fuerza, de sus frustraciones y anhelos, los que cada día le dan fuerza para seguir continuando hacia una identidad pasada que nos hizo grandes dentro y fuera de nuestra provincia, y que queremos que renazca porque cada pueblo debe engrandecerse en lo que fueron sus fortalezas.

Hemos asistido al empuje de “El 7 tresjunqueño” como expresión de la devoción que nuestro cerrete siente por los grandes astados, con toda la expectación que ello genera entre nuestros conciudadanos y los de localidades vecinas. 

Ha sido, en definitiva, un año repleto de manifestaciones culturales diversas que ahondan en un mensaje: si queremos, podemos. Hace falta voluntad y fe. Y algo similar podríamos afirmar de las nuevas iniciativas agrarias que se están produciendo.

Cuando Jesús Vara decidió apostar por el pistacho en su explotación, inoculó una nueva forma de aproximarse al futuro desde las explotaciones leñosas, más productivas y con mayor necesidad de mano de obra. Un testigo recogido por varios de nuestros jóvenes que han visto en esta variedad, así como en la vid y en el almendro, oportunidades a medio plazo que deben ahondar en la creencia de que un futuro en Tresjuncos es posible. Es una sencilla cuestión de voluntad.

Breves esbozos de insuflan energía a nuestra debilitada fe en el mañana de nuestro pueblo, y que deben servirnos para avanzar, innovar y, especialmente, creer. Una línea en la que comenzamos a trabajar hace algunos meses varias personas bajo un convencimiento mutuo: tenemos mimbres para seguir, para progresar y crecer. 

Cuestiones sencillas que dan sentido a nuestro pueblo y a nuestra identidad, que se abren paso entre la marabunta de nubes que quieren cerrar el paso al sol. ¿Por qué no vamos a poder?


“Vuelta a empezar a derribar paredes,
a no pisar más charcos
a construir más puentes.
A respirar más fuerte,
a buscar el sol…
entre las nubes”

Carlos J. Goñi

Que el tiempo no os cambie.

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