Permitidme un momento de reflexión, de pausada reflexión, desde la serenidad del espectador paciente, de quien mira desde una atalaya como si no fuera con ello y estuviera asistiendo a historia viva de algo, sin saber bien qué es.
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| Seguir caminando para descifrar qué sigue... porque no hay vuelta atrás |
Permitidme una reflexión desde el alma rota de una muerte anunciada que enluta antes de lo preceptivo, a pesar de empeños propios y ajenos por vivir, siempre con la espada de Damocles de la incomprensión, los límites y la ofuscación mental; desde el desconocimiento y la ingenuidad. En definitiva, desde la locuacidad pactada de quien siembra vientos desde la retaguardia.
Permitidme una reflexión sencilla pero cargada, en el fondo, de optimismo: no lo sabía, pero lo intuía.
Enhorabuena a los premiados, aprendices de brujo, videntes desconocidos que pactaron la defunción con lustros de antelación y optaron por dejar tierra quemada, a mayor gloria de la indiferencia y el vapuleo permanente de grandilocuencias sedientas de sangre.
Y ahora… a seguir caminando.
Que el tiempo no os cambie.

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