Hace escasas fechas, y a raíz del post que publiqué con el
título “Castilla se desangra” - http://el-largo-camino-de-adso.blogspot.com.es/2015/07/castilla-se-desangra.html
-, alguien a quien aprecio mucho me comentó su absoluto desconocimiento acerca
del Trasvase Tajo-Segura. De igual forma me dijo que lo único que conocía al
respecto era por los comentarios que, de tarde en tarde, hacía en redes
sociales.
Entiendo que, en esta misma línea, serán numerosas las
personas residentes en otras latitudes que desconocen la realidad de los
municipios de la cabecera del río Tajo, así como su problemática, por lo que me
planteé realizar un ejercicio de síntesis, lo más objetivo posible, y un
análisis del oscuro panorama al que se enfrentan estas localidades, enclavadas
en plena Alcarria –Conquense y Guadalajareña- y en las que se aprecian escasas
posibilidades de desarrollo de no terciar actuaciones contundentes que detengan
la sangría socio-económica que sufren, ya de manera estructural, desde años ha.
No es ningún secreto que las provincias de Cuenca y
Guadalajara, en su práctica totalidad –excepción hecha de honrosas localizaciones
y comarcas- se enfrentan a una estrepitosa tendencia despobladora en buena
parte de sus poblaciones. Y así lo recogía un artículo publicado en www.eldiario.es bajo el título “Las
provincias de Cuenca y Guadalajara, "biológicamente muertas" –y que
podéis encontrar en el siguiente enlace http://www.eldiario.es/clm/provincias-Cuenca-Guadalajara-biologicamente-muertas_0_333517005.html-.
El artículo en cuestión hace mención a la Serranía Celtibérica, que abarca
partes de estas dos provincias, pero olvida otra parte que, a pesar de situarse
mucho más cerca de la capital de España y con una orografía mucho más
favorable, está sometida a un continuo saqueo de sus recursos y, por extensión,
a un acusado descenso de su población, enfrentándose, como en el caso de la
Serranía Celtibérica, a la muerte biológica de no remediarlo de manera
inmediata. Me refiero a La Alcarria, y más concretamente a los municipios
ribereños de los embalses de cabecera del Río Tajo, Entrepeñas y Buendía.
Ambos, junto a los embalses de Almoguera, Bolarque, Estremera y Zorita
conforman lo que se denomina “El Mar de Castilla”.
BREVE HISTORIA.
Los embalses de Entrepeñas y Buendía fueron inaugurados en
1956 y 1958, respectivamente, y se vieron como una oportunidad para el desarrollo
de la zona. A tal punto que en sus aguas y sus riberas crecieron oportunidades
de negocio para la población local: infraestructuras socioeconómicas de
carácter turístico, urbanizaciones y un importante número de viviendas
secundarias, todo ello unido, lógicamente, a la apertura de oportunidades para
el sector primario, esencial en estas comarcas.
Previamente, en 1953, la Dictadura Franquista aprobó la
Orden Ministerial de 25 abril, que suponía un paso imprescindible para la
posterior construcción del trasvase Tajo-Segura. Esta norma autorizaba la
ampliación de la superficie de los regadíos en la Cuenca Hidrográfica del
Segura en 12.500 nuevas hectáreas de tierra.
Para dar soporte hídrico a estas superficies, el régimen
franquista aprobó el “Anteproyecto
General de Aprovechamiento Conjunto de los Recursos Hidráulicos del Centro y
Sureste de España, Complejo Tajo-Segura” (Orden Ministerial de 30 de julio de
1966). El texto recogía el derecho al trasvase en el caso de la "existencia de caudales sobrantes en
la cuenca alimentadora (río Tajo)", y del estado de sequía en la
cuenca receptora (río Segura).
La aprobación definitiva del trasvase Tajo-Segura se produjo
en el Consejo de Ministros del 13 de septiembre del año 1968.
La Ley 21/1971, de 21 de junio, de Aprovechamiento Conjunto
Tajo-Segura regulaba el trasvase anual de hasta 600 hectómetros cúbicos de una
cuenca a otra. Esta cantidad era ampliable hasta los 1.000 hectómetros cúbicos
anuales, tras la realización de las obras de regulación en la cuenca del Tajo.
Esta Ley también recogía el derecho de la cuenca excedentaria a la realización
de obras de compensación por el Trasvase al río Segura (compensaciones que 44 años después nadie ha visto).
La construcción del Trasvase Tajo-Segura finalizó en 1979, y
dio al traste con buena parte de las opciones de crecimiento con que la zona
contaba apenas dos décadas atrás. A pesar de que la sequía en el levante era el
motivo principal que motivó esta obra faraónica, a nadie importó que la
cabecera del Tajo sufriera, durante varios años, severos periodos de ausencias
de lluvias, lo que motivó una creciente disminución de los recursos hídricos de
la zona y, unido a ello, la desaparición de la economía asociada a los
embalses.
En la actualidad, los municipios ribereños de ambas
provincias, agrupados bajo la Asociación de Municipios Ribereños de Entrepeñas
y Buendía – www.elmardecastilla.es-
luchan contra el destino que los gobernantes españoles les han diseñado,
enfrentándose a la continua incomprensión de tecnócratas y políticos, además de
los receptores de estas aguas, los regantes del Levante, que valoran por encima
de cualquier otra cosa la llegada de agua a la huerta levantina, sin pararse a
considerar que todos los territorios merecen las mismas oportunidades, algo que
sistemáticamente se niega por principio –y que pude comprobar personalmente-;
una postura sostenida en el tiempo que ha cristalizado en una comarca vacía de
futuro, cruelmente despoblada y envejecida por obra y gracia de quienes
consideraron Castilla “el patio trasero de Madrid".
La Alcarria, y especialmente la conquense, es una de las
zonas más despobladas del mundo; quienes hemos tenido oportunidad de visitarla
y pasear por sus pueblos y caminos, sabemos que esta zona, a caballo entre la
Mancha y la Serranía Conquense, está sembrada de pequeñas localidades y núcleos
de población que apenas si disponen de una Iglesia y un triste consultorio
médico, pésimo inventario de bienes públicos si realmente se desea ser pueblo
de acogida de residentes, alejados de cualquier atisbo mínimamente urbano que
permita a las familias estar cómodos y con todos los servicios cubiertos,
incluso aquellos que las sociedades modernas demandan para todos los miembros
del colectivo familiar. De ahí que aquel movimiento emigrante de los 50 y 60 se
haya convertido en una monstruosa bola de nieve con una difícil recuperación.
Durante la primera del siglo XXI, el Gobierno de Castilla-La
Mancha, consciente de la dificultad de estas zonas para garantizar su
supervivencia, articuló una línea de programas y medidas que cristalizaron en
un plan regional de desarrollo sostenible del medio rural, uno de los primeros
intentos a nivel nacional que perseguía la revitalización de todas las zonas
rurales de nuestra región. Junto a ello, se puso en funcionamiento el Plan de
los Municipios Ribereños de Entrepeñas y Buendía, una actuación integral que
debía ser la punta de lanza para conseguir revitalizar la zona en su totalidad,
y que iba acompañada de múltiples actuaciones a diferentes niveles
administrativos.
Pero quizá la mayor defensa que se hizo de la zona en
cuestión fue el intento de reforma del Estatuto de Autonomía para paralizar el
abastecimiento del levante a través del Trasvase Tajo-Segura, con el fin de
acabar con el expolio continuado de nuestros recursos naturales y,
consecuentemente, con nuestras oportunidades de desarrollo - http://www.rtve.es/noticias/20100426/reforma-del-estatuto-castilla-mancha-fracasa-tres-anos-despues/329074.shtml
-. Una propuesta que contó con los votos en contra del Partido Popular,
incluidos los representantes populares por las provincias castellano-manchegas,
obedeciendo antes a los dictados de los Presidentes autonómicos de Murcia y la
Comunidad Valenciana que a las necesidades de quienes les habían elegido y de
quienes eran representantes.
Los datos de la propia Confederación del Tajo, a fecha 28 de
julio de 2015, muestran que nuestros embalses de cabecera están a poco más del 17%
de su capacidad total de agua embalsada: Buendía, con 286 hectómetros³ (el 17,45%
de su capacidad) y Entrepeñas, con 149 hectómetros³ (17,84% de su capacidad),
es decir, muy por debajo de los 600 hm³ que planteó el entonces Presidente
Barreda y que anulan cualquier posibilidad de irrigación en los cultivos de la
zona.
Los municipios ribereños, en la actualidad, muestran una
preocupante tendencia de pérdida poblacional; en conjunto, los 22 municipios
que componen esta comarca presentan un censo de 10.671 personas (que no
residentes), un 13,4% menor que en 1996 (entonces era de 12.375 censados). Y si
bien es cierto que desde esa fecha algunos municipios han ganado población
(casos de Alcocer, Alocén o Sacedón, todos ellos en Guadalajara), la tónica
general es de pérdida de población a un ritmo frenético (especial mención a
Huete, con 456 censados menos que en 1996, lo que supone una pérdida de casi el
20% de su población).
Si bien es cierto que estos datos son preocupantes, el
extremo varapalo poblacional de estos municipios lo vienen sufriendo desde
2011; en 3 años la comarca ha perdido 982 censados (más del 50% del total del
periodo 1996-2014, que ha sido de 1.704 personas).
Así, con estos fríos datos en la mano y considerando los
antecedentes que han marcado la trayectoria de los municipios ribereños durante
el último tercio del siglo XX y todo lo andado del siglo XXI, es difícil pensar
que esta comarca dispone de un futuro acorde a sus necesidades. Igualmente, se
antoja complicado justificar la insistente petición de agua por parte de los
regantes murcianos cuando en la comarca de cabecera apenas se disponen de
cultivos de regadíos, fundamentalmente porque desde las diversas
administraciones se impide la puesta en funcionamiento de estructuras que garanticen
la supervivencia económica de esta comarca; y no hago mención, únicamente, al
sector agrario, que necesariamente debería pasar por un proceso de
transformación absoluto con el apoyo incondicional de las diferentes
administraciones.
Los ribereños están necesitados de actuaciones integrales de manera inmediata -la autovía de La Alcarria era una buena opción para dinamizar esta comarca-, pero deberíamos de valorar la progresiva desaparición de negocios asociados a la zona, como empresas de multiaventura y navegación por los embalses -que tienden a desaparecer por la falta de agua en los pantanos-, la creciente disminución de agricultores y ganaderos que modernicen sus explotaciones en base al extraordinario recurso que tienen en sus orillas, debido a la continua negativa de administraciones; el cierre de segundas viviendas o la ausencia total de inversiones, ya sean del sector secundario, servicios o turísticas.
Junto a esta situación, a todas luces incomprensible por el continuo desprecio a la zona, a sus habitantes y a los pueblos que la conforman, se une la circunstancia de que la cuenca receptora, en este caso la del Segura, dispone de más agua que la cuenca cedente. Y como se ha visto más arriba, -os recuerdo la norma que lo recogía: Orden Ministerial de 30 de julio de 1966- este texto reconocía el derecho al trasvase en el caso de la "existencia de caudales sobrantes en la cuenca alimentadora (río Tajo)", y del estado de sequía en la cuenca receptora (río Segura).
En función de la imagen que aparece más abajo, parece que no se cumple ni lo uno ni lo otro; y sin embargo el expolio del trasvase sigue produciéndose.
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| Fuente: Confederación Hidrográfica del Segura y Confederación Hidrográfica del Tajo |
Con estos antecedentes, y viendo la situación a que nos enfrentamos, me pregunto hasta cuándo vamos a tener que aguantar esta desmán y esta falta de respeto hacia nuestra Tierra y nuestra gente.
Espero que esto os aclare, algo más, la situación a que nos enfrentamos. Y si necesitáis más información, encantado de facilitárosla y, si fuera menester, mostrárosla.
Que el tiempo no os cambie.
Espero que esto os aclare, algo más, la situación a que nos enfrentamos. Y si necesitáis más información, encantado de facilitárosla y, si fuera menester, mostrárosla.
Que el tiempo no os cambie.





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