Silencio… cruel destino para el
receptor paciente; arma inusitada de quien no espera y sólo aguarda, mientras
la agonía del interlocutor incrementa su desafección hacia el otro.
Silencio… excusa de necios
amparados bajo la sombra de la timidez, disfrazada de escucha para evitar
sorpresas de quien no se desea… y al final… silencio, ese que no se percibe
porque siempre estuvo maquillado; y aclamado por quienes supieron hacer del
defecto virtud; curiosos voceras de un sinsentido premonitorio de un estado.
Silencio… el que se busca para
vencer, el que libera egos y hunde al esperante, el que vacía las almas en un
viaje, al final, a ningún lado; lejos del destino anhelado en una parodia
perenne aprendida por costumbres y lecturas. Barrera que protege al autor del
lector, quien osa pero no logra, porque
el silencio todo lo tapa.
Silencio… averno de la
elocuencia, antología de un disparate para quien sufre con la espera dilatada
en el tiempo mientras se aclama al vanidoso por su audacia. Cruel recompensa
para el necesitado; inusitado triunfo para el hablante. Paupérrimo final
hipócrita.
Que el tiempo no os cambie.

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