No es mi intención hacer un
análisis del programa “Salvados” del pasado domingo, 5 de junio, en el que,
nuevamente, se vieron las caras Iglesias y Rivera. Y no quiero hacerlo porque junto
al hartazgo del vulgo hacia su clase política, no han sido pocas las tertulias,
debates y programas de información que han dado buena cuenta del acontecimiento
en cuestión, dedicándose a analizar gestos, rostros, ademanes, muecas,
expresiones, tonos,…, y cada cual, cada espacio informativo, con su línea
editorial como base de enjuiciamiento, arrimando el ascua a su sardina,
contentando al capital que paga las correspondientes nóminas, ya sean completas
o parciales, de presentadores, tertulianos, analistas, vividores y demás fauna
que habita por estudios y platós de éste nuestro país, y que tantos
conocimientos tiene de todo.
No, no es mi intención,
fundamentalmente porque en un momento en el que la sociedad está, más que
nunca, necesitada de líderes que planteen soluciones a los graves problemas que
le afectan, las nuevas hornadas políticas se han enfundado el traje de
mamporreros a sueldo para desacreditar, sea como sea, al adversario –que más
parecía enemigo- y dejarlo en paños menores ante un país necesitado de
estadistas con altura de miras. Os aseguro que a ninguno los consideraré como
tales, ni siquiera en modo condicional, y menos ahora, tras el bochorno
dominguero.
No, no es mi intención
analizar el despropósito en que se convirtió “Salvados” el domingo.
Sencillamente quiero referirme a la constante antítesis que ambos líderes ponen
en práctica, de forma continua, en sus intervenciones en los diferentes medios
de comunicación, y que tiene que ver con la tan cacareada y repetida “humildad”,
una cualidad de la que pretenden apropiarse en exclusividad quienes pretenden “asaltar
los cielos por lo civil o lo criminal” y que, de facto, se sustancia en malas
formas, falta de educación y cortesía, ausencia de empatía y -fundamental-
privar al espectador-ciudadano-votante de aclarar sus dudas sobre programas
electorales susceptibles de ser votados.
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| Circular de Podemos a sus militantes y simpatizantes para boicotear, muy humildemente, un acto de precampaña de Pedro Sánchez y Susana Díaz. |
La humildad es “la cualidad del carácter de una persona que
le hace restar importancia a sus propios logros y virtudes reconocer sus
defectos y errores”. Es también “la
ausencia de soberbia y vanidad”. Dicho esto, ¿qué parte del concepto no se
ha entendido?
Cervantes, en su obra “Coloquio
de los perros”, aseguraba que la humildad
es la base fundamental de todas las virtudes, y sin ella no hay alguna que la
sea.
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| Imagen de la protesta de Podemos, las nuevas formas políticas. |
Pero sí, aceptemos pulpo como animal de compañía. O lo que
es lo mismo, estamos en precampaña electoral y las organizaciones políticas
deben mostrar sus fortalezas a costa de desprestigiar al adversario. Es decir,
tanto vale mostrar tus puntos fuertes como poner al descubierto las debilidades
del contrario. Y en esta contienda vale casi todo, a la vista está. Entonces,
¿qué clase de humildad practican quienes atacan con demagogias y falsas
acusaciones, o verdades a medias, al/los adversario/s, sin ofrecer un ápice de
entendimiento y empatía?; ¿cómo puede apropiarse alguien de la ausencia de
soberbia cuando se desacreditan los programas y políticas en esa sutil mescolanza del todo vale?
Creo que no hemos entendido
nada en 40 años de democracia: ni líderes, ni aparatos orgánicos, ni asesores.
Nadie. Yo el primero.
Las ideas se defienden con
contundencia, con argumentos, con hechos y, sobre todo, con inteligencia. Y no
es más efectivo quien más ataca y desacredita al contrario, sino quien mejor
expone sus argumentos, quien más escucha lo que los ciudadanos esperan de
él/ella y quien sabe reconocer que, tal vez, se haya equivocado. Y,
honestamente, no veo estas actitudes en los nuevos líderes, los mismos que
acusaron en la anterior campaña electoral de diciembre a los viejos partidos de
practicar contiendas más propias de las calles que del ámbito político. ¿Qué
debemos convenir ahora tras semejante intercambio de bochornos y malas formas?
Creo que toca replantearnos
todo el engranaje político, tanto a nivel de sistema electoral –algo que es
obvio-, como a nivel de cuadros y estrategias electorales. Nos falta escucha
activa; nos falta calle; nos falta voluntad de acuerdo; nos falta empatía. Y nos
sobra espectáculo mediático, demagogia, fariseísmo y postureo. Y no todo vale.
O no todo debería valer.
Si la política es servicio a
la ciudadanía y vocación de solucionar problemas, flaco favor hacen actitudes y
contiendas verbales como la del domingo a la construcción social y al
reconocimiento político, casi tanto como los vergonzosos escándalos de
corrupción que, de Oriente a Occidente, asolan este país.
¿Humildad?, ¿la de quién?
Que el tiempo no os cambie.


Totalmente de acuerdo. Si hay algo que me saca de mis casillas de esta autoproclamada nueva política es su arrogancia intelectual... nada ni nadie existía hasta que llegaron, yo... yo... y nada más que yo... y todo lo demás no existe, o lo que es peor, no debería existir... y una mierda!!! La falta de humildad, de autocritica, la incapacidad de diálogo y de llegar a acuerdos con el que no piensa exactamente como tú, las ansias de llegar a toda costa, la incoherencia... dudosos principios para mejorar un país. El gran Groucho Marx lo definía con su arte característico: "estos son mis principios, si no le gustan tengo otros"... en fin, por suerte, el tiempo suele poner todo y a todos en su sitio, todo acaba por verse, nada permanece oculto eternamente.
ResponderEliminarUn muy buen resumen de la nueva política. Criticar es muy fácil. Reconocer que se cometen errores...
ResponderEliminarCuando yo T digo que sería rica si escribieras.....