Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas

2016/06/07

De puntillas por el debate Iglesias-Rivera

No es mi intención hacer un análisis del programa “Salvados” del pasado domingo, 5 de junio, en el que, nuevamente, se vieron las caras Iglesias y Rivera. Y no quiero hacerlo porque junto al hartazgo del vulgo hacia su clase política, no han sido pocas las tertulias, debates y programas de información que han dado buena cuenta del acontecimiento en cuestión, dedicándose a analizar gestos, rostros, ademanes, muecas, expresiones, tonos,…, y cada cual, cada espacio informativo, con su línea editorial como base de enjuiciamiento, arrimando el ascua a su sardina, contentando al capital que paga las correspondientes nóminas, ya sean completas o parciales, de presentadores, tertulianos, analistas, vividores y demás fauna que habita por estudios y platós de éste nuestro país, y que tantos conocimientos tiene de todo.

No, no es mi intención, fundamentalmente porque en un momento en el que la sociedad está, más que nunca, necesitada de líderes que planteen soluciones a los graves problemas que le afectan, las nuevas hornadas políticas se han enfundado el traje de mamporreros a sueldo para desacreditar, sea como sea, al adversario –que más parecía enemigo- y dejarlo en paños menores ante un país necesitado de estadistas con altura de miras. Os aseguro que a ninguno los consideraré como tales, ni siquiera en modo condicional, y menos ahora, tras el bochorno dominguero.

No, no es mi intención analizar el despropósito en que se convirtió “Salvados” el domingo. Sencillamente quiero referirme a la constante antítesis que ambos líderes ponen en práctica, de forma continua, en sus intervenciones en los diferentes medios de comunicación, y que tiene que ver con la tan cacareada y repetida “humildad”, una cualidad de la que pretenden apropiarse en exclusividad quienes pretenden “asaltar los cielos por lo civil o lo criminal” y que, de facto, se sustancia en malas formas, falta de educación y cortesía, ausencia de empatía y -fundamental- privar al espectador-ciudadano-votante de aclarar sus dudas sobre programas electorales susceptibles de ser votados.

Circular de Podemos a sus militantes y simpatizantes para boicotear, muy humildemente, un acto de precampaña de Pedro Sánchez y Susana Díaz.


La humildad es “la cualidad del carácter de una persona que le hace restar importancia a sus propios logros y virtudes reconocer sus defectos y errores”. Es también “la ausencia de soberbia y vanidad”. Dicho esto, ¿qué parte del concepto no se ha entendido?

Cervantes, en su obra “Coloquio de los perros”, aseguraba que la humildad es la base fundamental de todas las virtudes, y sin ella no hay alguna que la sea.

Imagen de la protesta de Podemos,
las nuevas formas políticas.
Pero sí, aceptemos pulpo como animal de compañía. O lo que es lo mismo, estamos en precampaña electoral y las organizaciones políticas deben mostrar sus fortalezas a costa de desprestigiar al adversario. Es decir, tanto vale mostrar tus puntos fuertes como poner al descubierto las debilidades del contrario. Y en esta contienda vale casi todo, a la vista está. Entonces, ¿qué clase de humildad practican quienes atacan con demagogias y falsas acusaciones, o verdades a medias, al/los adversario/s, sin ofrecer un ápice de entendimiento y empatía?; ¿cómo puede apropiarse alguien de la ausencia de soberbia cuando se desacreditan los programas y políticas en esa sutil mescolanza del todo vale?

Creo que no hemos entendido nada en 40 años de democracia: ni líderes, ni aparatos orgánicos, ni asesores. Nadie. Yo el primero.

Las ideas se defienden con contundencia, con argumentos, con hechos y, sobre todo, con inteligencia. Y no es más efectivo quien más ataca y desacredita al contrario, sino quien mejor expone sus argumentos, quien más escucha lo que los ciudadanos esperan de él/ella y quien sabe reconocer que, tal vez, se haya equivocado. Y, honestamente, no veo estas actitudes en los nuevos líderes, los mismos que acusaron en la anterior campaña electoral de diciembre a los viejos partidos de practicar contiendas más propias de las calles que del ámbito político. ¿Qué debemos convenir ahora tras semejante intercambio de bochornos y malas formas?

Creo que toca replantearnos todo el engranaje político, tanto a nivel de sistema electoral –algo que es obvio-, como a nivel de cuadros y estrategias electorales. Nos falta escucha activa; nos falta calle; nos falta voluntad de acuerdo; nos falta empatía. Y nos sobra espectáculo mediático, demagogia, fariseísmo y postureo. Y no todo vale. O no todo debería valer.

Si la política es servicio a la ciudadanía y vocación de solucionar problemas, flaco favor hacen actitudes y contiendas verbales como la del domingo a la construcción social y al reconocimiento político, casi tanto como los vergonzosos escándalos de corrupción que, de Oriente a Occidente, asolan este país.

¿Humildad?, ¿la de quién?



Que el tiempo no os cambie.

2015/10/19

Nuevas formas, viejas propuestas.

Llevo tiempo sin escribir; y desde anoche llevo pensando que la ocasión la pintan calva; no sé si más por mi afición por la actividad política o por mi vocación de politólogo, actualmente en desuso; sea por lo que fuere, creo que el debate de ayer entre Pablo Iglesias y Albert Rivera deja lecturas más que interesantes, que me aventuro a compartir con quienes decidáis perder algo de vuestro tiempo en leer mis reflexiones.

Nuevas formas, propuestas antiguas.
Entre correo y correo, y venta y venta, leo que anoche fuimos más de cinco millones de telespectadores quienes nos sentamos delante de la televisión a ver el famoso debate del Follonero; ahora conocido como Jordi Évole. Eso dicen, al menos, las crónicas digitales de los medios que se ocupan de medir las audiencias y destripar todo lo concerniente a la caja tonta.

Sinceramente, me parece un gran dato, máxime porque en estos tiempos en los que la política está denostada por parte de propios y extraños, que la audiencia se interese por conocer las opiniones de quienes aspiran a ser parte importante del futuro de España indica una nueva tendencia entre la sociedad. Hemos pasado de que la política no interesa a que hayan surgido programas de debates en las cadenas generalistas que aglutinan a un importante número de seguidores, aún en sábado por la noche –horario más propicio para otros menesteres más ociosos-, que crean tendencia y para los que hay cola entre las mentes que dirigen el cotarro.

Hartos ya de estar hartos, la sociedad espera con ansia nuevas formas de hacer política que se alejen de las estridencias pasadas, de los chanchulleos, de los formalismos y protocolos, de la falta de transparencia y de la opacidad… aunque no estoy yo muy seguro de que los nuevos y sus adláteres, una vez conseguido el preciado cetro, no caminen por buena parte de ese camino. En cualquier caso, merecen el beneficio de la duda, y la sociedad, en su mayor parte, ve con ilusión la irrupción de estas nuevas formas en los asuntos públicos. Bienvenidas sean, aunque sólo sea por acercar al gran público a los asuntos de interés general.

Por tanto, mi primera conclusión es que al personal sí le interesa la política y todo lo que ello conlleva. Pero le interesa para que les cuenten cosas nuevas, que les ilusionen, que se apuesten por nuevas maneras de gobernar que pisen la calle y se pongan sobre la mesa asuntos de relevancia.

En segundo lugar creo, firmemente, que frente a la estrategia ideada años atrás entre los asesores de la derecha de alejarnos de los patrones ideológicos –izquierda-derecha-, los nuevos tiempos mantienen esa dualidad, a mi juicio siempre necesaria -y por la que antaño fui criticado- y que tal vez aparece más marcada entre los nuevos partidos, por mucho que ellos deseen alejarse de ese patrón, pues no dejan de ser compañeros de viaje de las grandes marcas políticas de este país, a ambos lados del centro ideológico, a los que tratan de meterles los codos para quedarse con un buen trozo de su electorado, cual pívot en una zona en un partido de baloncesto para coger la mejor posición. No importa lo que ellos afirmen o dejen de decir; la realidad es que aspiran a ser sustitutos, en toda su extensión, de PSOE y PP. Y así se desprende de sus discursos, sus programas y sus propuestas, especialmente en el caso de Podemos, que aspira a ocupar la totalidad de la izquierda, desde el centro –valga como muestra su intento de conformar candidaturas de unidad en buena parte del territorio nacional-. No lo tengo tan claro en el caso de Ciudadanos, a los que sí considero lobos con piel de cordero, pese a las nuevas formas y ademanes del deseado Albert.

En tercer lugar, y ya entrando en lo que fue el debate, me deja la sensación de ser dos movimientos absolutamente opuestos en sus tendencias: una ascendente, la de Ciudadanos, para los que las elecciones en Cataluña han servido de estímulo. La otra la de Podemos, en trayectoria descendente, con un discurso generalista, repetitivo y sin propuestas concretas; sin saber qué lugar deben ocupar y con un aspirante al que veo amortizado, tal vez por su meteórico ascenso y por su moderación desde posiciones extremadamente radicales que le han servido para decepcionar a más de uno. Un candidato, Iglesias, que dicho sea de paso, sin hacer un gran papel y siendo vapuleado por Rivera en la primera parte del debate, consiguió venirse arriba en la segunda parte y colar sus mensajes, especialmente en la parte que se centró en los aspectos más sociales. O lo que es lo mismo, Ciudadanos se ha trabajado más los aspectos macroeconómicos, los apoyos de los grandes grupos inversores o el espinoso asunto catalán –¿no os recuerda a la estrategia de algún Partido Político?- frente a Podemos, para quienes priman los aspectos sociales y son vistos con recelo por el sector empresarial, sin un discurso bien orquestado y con muchos gallos en el mismo corral –esto último se desprende del debate y de su día a día-. Difícil encaje, aunque cuentan con muchos apoyos entre el electorado más joven y las clases sociales más desfavorecidas.

Otra de las conclusiones que saco es que no hay nada nuevo en el horizonte; hay nuevas maneras, que conforman una superficie más reluciente, pero existe poco fondo; al menos poco fondo novedoso pues los programas y las propuestas son más de lo mismo con un envoltorio diferente. O lo que es lo mismo, la sociedad se ha ilusionado con lo que dicen ser nuevas formas de hacer política; y es cierto; dos aspirantes a ocupar La Moncloa, que sería mucho decir, se atreven a convertir una tertulia de bar en un debate profundo sobre lo que necesita el país, sin reglas ni tiempos. ¡Bravo! Gana el espectador; ganan los dos contrincantes; gana Évole; gana el Grupo Planeta; obtenemos un nuevo formato que resulta muy válido para futuros enfrentamientos dialécticos. ¿Y la ciudadanía?; ¿dónde está la novedad de los contenidos?; ¿un aprendiz de Chávez o un aprendiz de Fraga, lavados y arreglados? Podemos no deja de resultarme una huida hacia adelante de quienes dicen estar hartos e indignados, con el objetivo de quitar a unos para ponerse ellos y conformar sus círculos de… (poned la palabra que queráis). Ciudadanos, en cambio, los considero un grupo de pijos con ínfulas de perroflautas; o lo que es lo mismo, liberales vestidos de progres.

Dicho eso, y viendo las reacciones de las grandes organizaciones políticas, creo que no deberían ignorar lo que anoche sucedió en La Sexta. Querer convertir esta puesta en escena en un mero debate de barra de bar –dirigentes del PP dixit- resulta poco menos que descabellado, pues a pesar de la poca profundidad ideológica y de contenidos, la imagen ha llegado. ¡Y vaya si ha llegado! Y el mensaje también. Y la sociedad, harta de Gürteles, Rocas, ERE´s, Malayas, Bárcenas, etc…, se agarra a un clavo ardiendo. Y los nuevos, que no son tan nuevos, lo saben. Y quieren venir para quedarse.

Y me quedo con un mensaje que se trasluce del debate: la cercanía de los comicios generales y los datos de las grandes formaciones, aguantando el tirón de quienes aspiran a ocupar sus lugares, han movilizado a Podemos y Ciudadanos para morder la yugular que ven cercana pero no terminan de alcanzar. De ahí debates como el de anoche. Y van a poner toda la carne en el asador. Sirva de muestra Cataluña y sus comicios autonómicos.
Amigas y amigos, hay partido.

A mí me sirvió; y mucho. 

Me sirvió para saber, de forma más rotunda si cabe, cuál será mi opción el próximo 20 de diciembre porque, a pesar de Lozanos y Canteras, de sinsabores, cabreos y pulsos en las federaciones regionales, estamos donde siempre hemos estado, aunque a veces no lo parezca. Y me sirvió, también, para esperar que se espabilen los que dicen estar en retaguardia, siempre vigilantes, porque o se aventuran en este mar revuelto o la hostia puede ser de campeonato.


Que el tiempo no os cambie.