2017/01/23

Uniendo esfuerzos por un gran objetivo: Tresjuncos



La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

Eduardo Galeano

Suelo sorprenderme a mí mismo cuestionando procesos, pareceres, modos y compañías de hace algún tiempo, cuando por obra y arte de una sociedad que desea encaminarte hacia la excelencia a costa de cualquier cosa, miraba el mundo con los ojos del iluminado que cree estar en los aledaños del poder supremo per secula seculorum, que observa con demasiado recelo las exposiciones ajenas que no se circunscriben a su forma de pensar.

Hoy afirmo con rotundidad que me alegran enormemente mis dudas actuales. No resulta sencillo admitir errores del pasado sin dejar de ser uno mismo, sin obviar principios, moral, credo o forma de pensar. Simplemente hay que echarle humor y ganas a la vida, y una buena dosis de empatía y humildad. 

Por ahí, os lo reconozco, me vais a ganar siempre.

¿Qué tendrá nuestro "cerrete"?
Hace algunos años -¡joder! ¡16 años ya!-, recién finalizada mi licenciatura en Ciencias Políticas, opté por encaminar una parte de mi especialización profesional hacia el mundo del desarrollo rural –o cuando menos dejar abierta esa puerta-, entendiendo que alguien que procede de una zona rural deprimida, ya por entonces con un futuro muy amenazado, debía honrar ese futuro con una parte de su aprendizaje y, previsiblemente, con una carrera profesional en el sector. Una forma como cualquier otra de sentirse un activo más a la hora de abordar problemáticas futuras.

Aprendí mucho, y disfruté. Y compruebo, pasado el tiempo, que el papel lo aguanta todo; que es fácil teorizar desde un despacho de Pintor Rosales, en Madrid, pero es difícil actuar desde la plaza de cualquier pueblo de la Meseta que pierde población a un ritmo superior al 5% anual.

Esto último lo sé hoy. Me ha costado aprenderlo la friolera de 16 años, y ni mi paso por el ámbito público me hizo darme cuenta de que se trataba, sobre todo y ante todo, de sentimientos. Porque nunca está de más querer actuar y poner en marcha mecanismos que busquen el progreso pero hay que hacerlo desde el respeto y la consideración al territorio y a sus habitantes, implicándolos en cualquier solución de viabilidad.

Insisto; todo esto lo sé hoy.



Hacía varios meses –diría que años- que venía mascullando la idea de reunir un grupo de gente con inquietudes acerca de Tresjuncos y su futuro. Mi ofuscación, o tal vez mi prepotencia, o mis vivencias –no sabría decirlo con claridad- ocultaron la idea en mis esquemas mentales, a salvo de cualquier intento de burla ajena o desconsideraciones hacia mi persona –supongo que una más-. No obstante, ciertas conversaciones al fresco de una piscina en verano, de esas en las que deseas que no pase el tiempo y en las que la improvisación oral funciona en perfecta armonía con la mente y tu verdadero yo, me llevaron a descubrir que más que un iluminado por ver una posibilidad de búsqueda de progreso, era un solemne gilipollas, fundamentalmente porque éramos varios quienes expresábamos parecidos similares al respecto de nuestro futuro como pueblo.

Este hecho, y ninguno más que este, fue el que me llevó a escribir este verano un artículo para el libro de Fiestas de San Cayetano –http://el-largo-camino-de-adso.blogspot.com.es/2016/08/unir-esfuerzos-en-un-objetivo-comun.html-, con la idea de expresar una voluntad plural –la que empecé a conocer en mi entorno- y lanzar un guante a quién quisiera recogerlo.

Mi sorpresa vino cuando, finalizada la Fiesta, alguien me manifestó una voluntad firme de comenzar a trabajar en esa línea. ¡Logré tocar una fibra!



Han pasado varios meses y este sábado, por fin, pudimos reunirnos un grupillo de gente con preocupaciones similares y un sentimiento común: el amor a nuestro pueblo. Sin ambages, sin aderezos, sin políticos, sin más límite que la prohibición de “lo imposible”.

Nadie dijo que la vida sea fácil, pero escalar una montaña y hacer cumbre, generalmente, sabe mejor cuando el camino ha estado salpicado de obstáculos.

El sábado, 21 de enero, sin más motivo que un sentimiento, diez idealistas pudimos compartir una jornada agradable, emotiva y, sobre todo, ilusionante, porque pudimos expresar lo que decimos y pensamos en ámbitos informales, o en la soledad de nuestro pensamiento, sin miedo a que nadie nos tratase de ilusos.

Lo hicimos por nosotros, por nuestros hijos, por nuestras familias, por nuestros padres y nuestros antepasados… y sobre todo lo hicimos por quien engloba todo eso: Tresjuncos.

Desconozco a dónde nos conducirá todo esto; desconozco el recorrido y, mucho menos, el final, pero hoy sé que nadie puede apropiarse del futuro y de las ideas; que las voluntades se construyen desde la diversidad y el entendimiento, y que todo lo que no sea pensar en conjunto con un objetivo definido, sin menospreciar a quien piense diferente, está condenado al fracaso.

Hoy sé que no hay gente perfecta sino intenciones perfectas. Y vosotr@s, quienes lo hicisteis posible, fuisteis perfect@s.

Que sean muchas más.

Que el tiempo no os cambie.

1 comentario:

  1. Solo se equivocan los que hacen. Ójala y hagaís mucho

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