2020/10/02

Torrubia del Campo, la magnificencia de la sencillez.

Entre Horcajo de Santiago y Tarancón, a espaldas de Fuente de Pedro Naharro y Almendros, está el municipio de Torrubia del Campo, un pueblo llano de calles estrechas y marcados recovecos que dan fe de un pasado ilustre y brillante que se recorre con un sencillo paseo. 

Torrubia del Campo está en la Mancha Alta, en Cuenca, pero por su disposición y edificación bien podría estar en el corazón de La Mancha; solo hace falta perderse por sus rincones para comprobarlo.

Iglesia de Nuestra Señora del Valle

Es una localidad que sorprende, no por nada en concreto sino por el todo que conforma el casco urbano, un entramado bien construido, cohesionado y bien ensamblado alrededor de diferentes plazas y espacios de sorprendente anchura, bien aprovechados, convivientes con una mayoría de calles y travesías quasi laberínticas. Contribuye a su disfrute la escasa presencia de cuestas y su facilidad para el paseo calmado, amén de un entorno urbano de pasado orgulloso, como así se desprende de los escudos que adornan algunas de sus fachadas, y casas amplias, de frontispicios despejados en las que conviven lo rural, lo manchego y lo actual a partes iguales. 
Escudo  nobiliario

A diferencia de otras localidades, Torrubia del Campo es un pueblo realmente agradable a la vista. Por su situación y distribución, desde luego, pero también por el aspecto que presenta el municipio: limpio, cuidado y en el que se observa un escrupuloso respeto de sus vecinos por el patrimonio común del que disponen. A ello contribuye el semblante que presentan espacios como la plaza del ayuntamiento, con la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Valle enfrente del edificio consistorial -convenientemente restaurado y que honra a las excelsas balconadas manchegas-; la plaza de D. Pedro Roca; el edificio que alberga el colegio de la localidad y el consultorio médico, junto a las antiguas casas de los maestros –hoy convenientemente recuperadas y hogar de varias familias-; la intersección entre las calles Cara de Dios y Castilla-La Mancha, que alberga un significativo tributo a las víctimas del atentado del 11-M de 2004 de Atocha, y en particular a uno de sus vecinos, fallecido en tan fatídico crimen; o la ermita de San Isidro, ejemplo típico de construcción religiosa del siglo XVII. 

Caminar las calles de Torrubia es disfrutar de escudos nobiliarios, en buen estado de conservación, vinculados a la Orden de Santiago o a familias de importancia suma en la historia del pueblo, y viviendas que transmiten aromas del pasado, a pesar de que las construcciones originales se hayan visto reformadas. 

Se trata de una visita obligada si incluimos en nuestro deleite la Iglesia de Nuestra Señora del Valle, a la que, personalmente, definiría como majestuosa y monumental. Datada en el siglo XIII, consta de una nave central con dos laterales, que se comunican entre sí por arcos. Presenta elementos románicos y góticos, estos últimos añadidos en las reformas efectuadas posteriormente, y portadas neoclásicas. Su interior alberga, incluso, pilastras con capiteles corintios. Factores, todos ellos, que se unen al destacado y excelso cuidado que le confieren sus vecinos, un elemento evidente a la vista del más neófito en estas cuestiones. 

No es esta última una cuestión baladí. El cariño hacia nuestras raíces se gana con el respeto debido a su patrimonio, a su historia y a la sociedad que lo sustenta. Y es evidente que los torrubianos hace tiempo que lo consiguieron. 

No es de extrañar, con tales antecedentes, que el pueblo luzca con orgullo infraestructuras que enriquecen el capital del municipio, poniendo en valor su particular lucha contra el despoblamiento, tan común y con tantos entendidos en los tiempos que corren. Y es que, a veces, las grandes guerras se vencen desde pequeñas batallas, desde sutiles gestos que engrandecen a sus instigadores, alejándose de los espacios de los grandes pensadores de esquina y barra de bar. 

A infraestructuras tales como la Casa de cultura, con su pequeña gran biblioteca; un imponente salón de actos, rehabilitado en los tiempos de la pandemia para hacer más llevadera la espera de los festejos; la vivienda de mayores, de próxima apertura y tan esencial para la vida del pueblo como el agua para los campos; un adecuado servicio de transporte público, que conecta al municipio con Tarancón –y por extensión, con Madrid- en un corto espacio de tiempo; o un incipiente impulso emprendedor entre quienes antaño partieron y deciden regresar, o nunca se fueron –como la Despensa de Torrubia, de Mari Jose-, se une un más que adecuado mantenimiento de los viales y las dependencias municipales, un interés constante por el bienestar común y una colaboración perenne de residentes y visitantes, con la única motivación de conseguir pequeños logros que conviertan a Torrubia en una localidad ideal para ser visitada, y por qué no, vivida a diario. 

Si tuviera que quedarme con un mensaje, sería que Torrubia del Campo merece conocerse, visitarse y dársele una oportunidad como lugar de residencia, porque a todo lo anterior se une la tranquilidad de vivir en un pequeño pueblo sin tener que renunciar a las comodidades más materiales de una ciudad de tamaño medio, situadas a un escaso cuarto de hora de distancia. 

Las grandes guerras se ganan con pequeñas batallas. Y en su particular guerra contra el destino rural, Torrubia del Campo ya ha iniciado sus ofensivas, en silencio, sin alborotos, sin estridencias. Pero con paso firme y con un objetivo que tienen muy claro sus generales

Torrubia del Campo es la magnificencia de la sencillez.

Puedes una pequeña galería fotográfica en el siguiente enlace: 

4 comentarios:

  1. Me parece un video muy acertado que da una vision general del pueblo
    Enhorabuena

    ResponderEliminar
  2. No poderia yo describir mejor este bonito pueblo mi enhorabuena.

    ResponderEliminar
  3. Dan ganas de ir, q quieres q t diga

    ResponderEliminar
  4. Magnifica Torrubia,única de toga la vida

    ResponderEliminar