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2020/03/25

Hoy Tresjuncos se emociona...

En la queda mañana de sábado aún se oyen risas que revelan los últimos coletazos de una noche de juerga y alcohol, otra de esas que pasan a los anales de la historia grupal y serán, más tarde que pronto, caldo de anecdotario atemporal en el jolgorio etílico futuro. 

La primera noche de la fiesta es así: divertida y pícara, musical, pasional, eterna… Difumina su atrevimiento en el ímpetu adolescente y el ahínco con que se da por zanjado, definitivamente, el invierno. La cuarentena de la cuadrilla, diluida entre la geografía española, llega a su primera estación de penitencia, usando la peana rural como soporte de un vía crucis al que aún le faltan tres meses para la llegada triunfal del advenimiento estival, ese por el que merece la pena el sacrificio. 

Las voces y las risas juveniles reciben a la mañana, entre los espasmos del rigor nocturno y el relente que todavía hace de las suyas, desoyendo el mensaje universal de mayo como profeta del Sol, y se mezclan con el deambular matutino de los madrugadores jornaleros del día, prestos a iniciar su jornada festiva en forma de bolsa de pan y café con leche en el Bar de la María Ángeles, mientras la plaza, todavía vestida con los restos de la guerra nocturna, es tomada por los miembros de la cofradía del pasacalle mañanero, engalanados para la ocasión. Frescos, lozanos, despejados, con alguna señal ojerosa que deja intuir un trasnocheo a destiempo y algún que otro remolino poco trabajado en el acicalado general. Habrá sido la falta de tiempo, seguramente. 

El cofrade mayor cohetero invade los cielos tresjunqueños con un sonoro trueno con aroma a pólvora, decretando el final de la noche y el inicio del Día Mayor. 

La banda conoce bien su oficio. Es rápida y ordenada en su preparación para la diana floreada, graduada cum laude en el conocimiento de sus instrumentos y decidida en su paso por las calles del Cerrete. Es digno de encomio su repertorio musical, adaptado a los gustos de los lugareños –que hoy nadie ejerce de forastero- y a las cuestas del pueblo, secreto bien conocido por el director de orquesta. Por eso se agradece su predisposición y buena elección melódica. Es más fácil desperezarse con los acordes de los hits que antaño hicieron disfrutar a nuestros predecesores en el ejercicio de la nacionalidad triunchense, nuestros antepasados, a los que una jornada más recordaremos con cariño y afecto. 

Vencido el susto inicial y el estruendo que aún retumba en nuestras cabezas por los afectos reencontrados, y convenientemente regados, es hora de acicalarse para acompañar el día. Hoy desfilarán modelos floreados, rasos o con volantes, acompañados del pertinente tacón, junto a corbatas y trajes adquiridos para la ocasión, para uso y disfrute de sujetos y espectadores, que hoy todos ejercemos de tal. 

La Plaza Mayor, nuevamente, recibe el final del pasacalle. Se han apagado las algarabías nocturnas; amanuenses del discurso televisivo, doctorados en tractología y algunos Mochufas se embisten, entre risas, con argumentarios de primero de opinión pública y suspensos en oratoria. Hoy todo se fía al fondo, nada a la forma. Tampoco es cuestión de cornear en los primeros pases, y menos cuando un par de horas más tarde la oratoria dará paso a las cervezas, las gambas y los calamares. 

La Plaza está expectante. Besos y abrazos son los protagonistas. Aventuran buena compañía, cariño y mucha emoción. Se mezclan los sentimientos y los recuerdos, y se lloran los últimos finados, quienes un año atrás compartían espacios y argumentos, y juraban que la vida había que vivirla convenientemente. 

Aparecen las Danzantas, casi todas ellas evangelizadas desde la distancia, de blanco inmaculado, brillantes, perfectas, repiqueteando sus castañuelas para dar cuenta de su presencia; las grandes protagonistas de la Fiesta, las fieles acompañantes del Cristo, la cantera interminable que ideó la Chon para gozo y disfrute de la Fiesta y sus fieles. 

El pueblo sube a riadas por la calle Mayor camino de la Placeta, lugar de encuentro tradicional e inicio, por los siglos, de los recorridos procesionales a lo largo y ancho del pueblo. 

Se mezclan saludos y nervios; se percibe solemnidad y algún tirito dental entre las chicas, fruto de la inquietud por el protagonismo sobrellevado que refieren las danzantas. 

La banda de música se acerca. Las notas de sus melodías se diluyen con la sonoridad seca de los cohetes. Los más pequeños se tapan los oídos. Otros, los menos, dejan escapar algún lloro. 

Hay emoción por lo que se avecina, y el camino hacia la Iglesia comienza a despejarse. 

Suena la dulzaina y el tambor. Las danzantas levantan los brazos y hacen sonar las castañuelas al ritmo de la caja de Estebillan, tamborilero perpetuo, dispuesto, siempre atento. 

Se ven sonrisas, se atisban nervios y aparece una legión de cámaras fotográficas y teléfonos móviles, dejando muestras de que este año, como tantos otros, el Cristo volverá a estar bien acompañado. 

Es menester abrir paso en la Plaza, repleta como siempre, esperando el paso acompasado de las danzantas y autoridades quienes, junto a la banda de música y la cofradía de la silla, conforman un numeroso grupo. 

La Iglesia se agranda. Repican las campanas, se intensifica la pólvora en el cielo tresjunqueño, se solemniza la partitura… nervios. 

Hoy nuestro Cristo se regocijará con los dichos de sus danzantas. Hoy Tresjuncos, una vez más, llorará de emoción con los recuerdos versados de nuestras chicas, aflorando ánimos y sentimientos que solo entendemos nosotros, los que fuimos bautizados en la fe tresjunqueña. 

Hoy será especial porque es el día grande de la fiesta de Nuestro Cristo del Pozo.

2016/08/02

Unir esfuerzos en un objetivo común

Hace unos días, el Ayuntamiento de Tresjuncos me ofreció la posibilidad de escribir un artículo para el libro de las Fiestas. Acepté la propuesta y me salió lo que sigue a continuación. Espero que os guste.


Un libro de fiestas es una buena ocasión para plasmar algunas reflexiones que desde hace tiempo me rondan la cabeza. Vaya por delante mi agradecimiento al Ayuntamiento de Tresjuncos, y especialmente al equipo de Gobierno, por permitirme compartir con vosotros y vosotras este espacio.

Tresjuncos no es patrimonio de nadie; es patrimonio de todos. Y no es decir poco.

No son pocos los lustros en los que nuestro pueblo vive un progresivo deterioro poblacional, especialmente virulento en el último cuarto del siglo XX y el siglo XXI. Y a nadie se nos escapan las causas; coincidiríamos casi el 100% de la población en los motivos que nos han llevado hasta aquí, así como los factores que provocaron tal estrangulamiento demográfico. En este sentido resulta muy acertado el análisis que Julián Grimaldos hace en su último libro, “En torno a Tresjuncos, pueblo de La Mancha”, sobre nuestra deriva sociodemográfica, y cuya lectura os recomiendo.


La despoblación es un mal endémico del medio rural castellano-manchego, sobre todo en la provincia de Cuenca. La transición hacia nuevas formas de producción en el sector primario, nuestra escasa adaptación y la ausencia de expectativas laborales y familiares fue un lastre demasiado pesado que, unido a la escasez de mano de obra en zonas de incipiente industrialización –entre otras varias-, propició un caldo de cultivo ideal para provocar una migración masiva.

Ahora, cuando avanzamos por la segunda década del siglo XXI y comprobamos la composición sociodemográfica de Tresjuncos, toca hacer una profunda reflexión sobre qué queremos para nuestro pueblo: ¿dejamos todo tal cual está y nos resignamos a ser uno de tantos pueblos condenados al ostracismo y a la práctica desaparición, algo que se antoja cuestión de pocos años?; ¿o dejamos de ponernos palos en las ruedas, y de mirarnos el ombligo, y consideramos el bien común del municipio, y de las próximas generaciones, por encima del bien propio y de nuestras expectativas en forma de bienes inmuebles y beneficios personales/familiares?

Portada del Libro de Fiestas
Si valoramos más lo segundo estamos perdidos; si por el contrario entendemos que debemos unir esfuerzos en un objetivo común, quizá sea un buen momento para empezar por lo que nos une, más allá de discrepancias ideológicas e intelectuales, cediendo en nuestros planteamientos y apostando por la empatía y el bien común en la forma en que era concebido por los grandes pensadores: Platón, Aristóteles o Tomás de Aquino. Es decir aquel que abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección. O dicho de otra forma, el que busca el progreso y el cuidado de la comunidad.

Creo que tod@s estamos llamados a esa labor; tod@s podemos aportar y es bueno que se escuchen las opiniones de todos los tresjunqueños. Las ideas no son buenas ni malas; son susceptibles de llevarse a término o no, o simple cuestión de oportunidad. Todas pueden ser bienvenidas siempre y cuando prime por encima de cualquier cosa el objetivo común del desarrollo de nuestro pueblo.

Mi ánimo y mi disposición para debatir, tratar y abordar cuántas propuestas y alternativas podáis plantear y hacerlas llegar al equipo de gobierno, quiénes se enfrentan a una labor tan ardua y complicada como apasionante. Desde luego ganas y esfuerzo no les faltan, y así se lo reconozco.

Disfrutad de estos días de ocio y diversión que, con buen tino, ha diseñado este año el Ayuntamiento. Disfrutad de amistades y parentescos; aprovechad el tiempo y dedicadle unos breves instantes al progreso de nuestro pueblo. Lo agradeceremos todos, y especialmente nuestras próximas generaciones.

Que el tiempo no os cambie.