Hace unos días, el Ayuntamiento de Tresjuncos me ofreció la posibilidad de escribir un artículo para el libro de las Fiestas. Acepté la propuesta y me salió lo que sigue a continuación. Espero que os guste.
Un
libro de fiestas es una buena ocasión para plasmar algunas reflexiones que
desde hace tiempo me rondan la cabeza. Vaya por delante mi agradecimiento al
Ayuntamiento de Tresjuncos,
y especialmente al equipo de Gobierno, por permitirme compartir con vosotros y
vosotras este espacio.
Tresjuncos
no es patrimonio de nadie; es patrimonio de todos. Y no es decir poco.
No son pocos los lustros en los que
nuestro pueblo vive un progresivo deterioro poblacional, especialmente
virulento
en el último cuarto del siglo XX y el siglo XXI. Y a nadie se nos escapan las
causas; coincidiríamos casi el 100% de la población en los motivos que nos han
llevado hasta aquí, así como los factores que provocaron tal estrangulamiento demográfico.
En este sentido resulta muy acertado el análisis que Julián Grimaldos
hace en su último libro, “En torno a Tresjuncos,
pueblo de La Mancha”, sobre nuestra deriva sociodemográfica, y cuya lectura os
recomiendo.
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La despoblación es un mal endémico
del medio rural castellano-manchego,
sobre todo en la provincia de Cuenca. La transición hacia nuevas formas de
producción en el sector primario, nuestra escasa adaptación y la ausencia de
expectativas laborales y familiares fue un lastre demasiado pesado que, unido a
la escasez de mano de obra en zonas de incipiente industrialización –entre
otras varias-, propició un caldo de cultivo ideal para provocar una migración
masiva.
Ahora,
cuando avanzamos por la segunda década del siglo XXI y comprobamos la
composición sociodemográfica de Tresjuncos,
toca hacer una profunda reflexión sobre qué queremos para nuestro pueblo:
¿dejamos todo tal cual está y nos resignamos a ser uno de tantos pueblos
condenados al ostracismo y a la práctica desaparición, algo que se antoja
cuestión de pocos años?; ¿o
dejamos de ponernos palos en las ruedas, y de mirarnos el ombligo, y
consideramos el bien común del municipio, y de las próximas generaciones, por
encima del bien propio y de nuestras expectativas en forma de bienes inmuebles
y beneficios personales/familiares?
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| Portada del Libro de Fiestas |
Si
valoramos más lo segundo estamos perdidos; si por el contrario entendemos que
debemos unir esfuerzos en un objetivo común, quizá sea un buen momento para
empezar por lo que nos une, más allá de discrepancias ideológicas e
intelectuales, cediendo en nuestros planteamientos y apostando por la empatía y
el bien común en la forma en que era concebido
por
los grandes pensadores: Platón, Aristóteles o Tomás de Aquino. Es decir aquel
que abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las
cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor
plenitud y facilidad su propia perfección. O dicho de otra forma, el que busca el progreso y el
cuidado de la comunidad.
Creo
que tod@s
estamos llamados a esa labor; tod@s
podemos aportar y es bueno que se escuchen las opiniones de todos los tresjunqueños.
Las ideas no son buenas ni malas;
son susceptibles de llevarse a término o no, o
simple cuestión de oportunidad. Todas pueden ser bienvenidas siempre y cuando
prime por encima de cualquier cosa el objetivo común del desarrollo de nuestro
pueblo.
Mi
ánimo y mi disposición para debatir, tratar y abordar cuántas propuestas y
alternativas podáis plantear y hacerlas llegar al equipo de gobierno, quiénes
se enfrentan a una labor tan ardua y complicada como apasionante. Desde luego
ganas y esfuerzo no les faltan, y así se lo reconozco.
Disfrutad
de estos días de ocio y diversión que, con buen tino, ha diseñado este año el
Ayuntamiento. Disfrutad
de amistades y parentescos; aprovechad el tiempo y dedicadle unos breves
instantes al progreso de nuestro pueblo. Lo
agradeceremos todos, y especialmente nuestras próximas generaciones.
Que el tiempo no os cambie.


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