2019/07/22

La Alcarria Conquense, belleza escondida.

Los motivos que nos impulsan a visitar lugares son tan diversos como diversas pueden llegar a ser nuestras razones, nuestras ganas, nuestros quehaceres laborales o, sencillamente, nuestro destino.

El destino, esa fuerza que encontramos sin pretenderlo; o quizá nos viene dada por una conexión astral que nos empuja a estar allí donde el alma desea llevarnos en cada momento.


Las razones más peregrinas y humanas pueden ser las más esperadas cuando barruntamos descanso mental y bienestar, aunque sea en los confines de ningún sitio allá donde los caminos buscan espacios donde continuar su serpenteo, sin apenas presencia humana, donde el sol aprieta con fuerza y las risqueras son paisaje común que unifica nuestra ronda. Donde se percibe vacío y calidez, sencillez, tranquilidad, se paladea el tiempo y el futuro debe ser aquí y ahora.
La Alcarria desde la Ermita de la Virgen del Monte. 
La Peraleja

Un viaje a la Alcarria conquense es aventurarse a un misterio permanente, a un hastío derrotista para el común de los mortales que no perciben su cotidianeidad más allá del alquitrán que impregna la urbe descarnada; a una inmensidad árida y quasi virgen cuando julio deja caer sus rayos candentes abrasando ideas, desfigurando visiones nítidas de paisajes descomunales, oteando carreteras secundarias que conducen a la Laponia, maquillada por los veranos de los que una vez partieron para no volver; es adentrarse en un deambular de fiestas y verbenas que esconden silencios desgarradores cuando empiezan a acortar los días… Es ventear la esencia de la aridez crónica que provoca vacíos en el imaginario colectivo y desgarra las raíces comunes que una vez llenaron los campos.

Lo importante no se ve con los ojos; se percibe con el alma. Acercarse a La Alcarria requiere pasión y certeza existencial; requiere cariño y una mente sincera que absorba todo lo que la comarca ofrece, sin condicionamientos ni cortapisas que enturbien nuestro juicio.

La Alcarria Conquense es la sencillez rural del terreno virgen y sus gentes, esas que se saben herederas de un patrimonio vivo en algún lugar, que mana a borbotones entre sus grietas sinuosas y angostas pero abiertas y esperando a ser rescatadas.

La Alcarria Conquense son risqueras de mil formas, son ocres y blancos que abordan y llenan nuestros sentidos; son espacios salpicados de tierras, acequias y vergeles que se suceden en la inmensidad de un espacio que se sabe a la espalda del famoseo serrano, de la llanura manchega y de la ciudad que da nombre a la provincia, Cuenca. Y que tal vez por eso, solo tal vez, se entiende desde una percepción sincera y sin prejuicios. Nuestra Alcarria es sincera y cruda; nos mira de frente y se abre en canal para que comprobemos su inmensidad, lo amable y desgarrada que es a una misma vez, sin ambages ni dobleces.

La Alcarria Conquense es naturaleza sin artificios. Es el espectáculo descarnado que el tiempo imaginó para delirio de propios y extraños, pero aun no hemos entendido. Su mensaje es demasiado locuaz y crudo para asimilar su esencia.

La Alcarria Conquense es solidaridad, aun cuando ésta lastre su futuro e impregne los caracteres de la buena gente que la ama y la sufre, viendo pasar sus oportunidades por un canal que nunca debió pensarse.

La Alcarria Conquense es esperanza, porque así la presiento y la vivo en su oferta, llena de vestigios y vivencias de antaño.

La Alcarria conquense es romana, porque así lo ha querido Ercávica, Noheda y sus venas abiertas repletas de espejillo. Es de bronce porque se empeñó La Cava cada vez que mira de frente a la Sierra de Altomira, con el sol como último testigo diario de su espectacularidad.

La Alcarria conquense es aventura porque lo ha querido el Escabas y Buendía, con el Guadiela como testigo mudo de rincones casi perfectos que nos devuelven la fe en un mundo mejor.

La Alcarria es monumentalidad en Huete, en Bonilla, en Carrascosa y en Buendía, en Garcinarro y en Priego.

La Alcarria es paisaje global y sentido común, el que le pone Olmeda de la Cuesta, Portalrubio y Villalba del Rey en una lucha denodada por seguir rellenando mapas, calles y parques. O, al menos, espacios en televisión que denuncian el vacío constante y creciente que remueve conciencias pero no anclajes residenciales en la inmensidad de las grandes urbes.

La Alcarria Conquense es, y debe ser, oportunidad y desarrollo.

La Alcarria Conquense es belleza, y así la quiero seguir sintiendo y disfrutando en mis huidas desde La Mancha, desde mi Mancha, a la que conozco y quiero, la que me permite huir de tarde en tarde a destinos inciertos, hermosos y misteriosos, como a la Alcarria que imagino y disfruto cuando el tiempo es un regalo.

Que el tiempo no os cambie.

1 comentario:

  1. Interesante texto, emocionado y comprometido que hace vislumbrar esa dimensión esquiva de lo esencial como solo el arte y a veces palabras como las tuyas son capaces de hacerlo, acercándonos al espíritu del territorio que habitamos

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